martes, 11 de marzo de 2008

Aguas de Marzo

Alberto García Alix, fotógrafo español.


REFRANES

Una espiga es todo el trigo
Una pluma es un pájaro vivo y cantando
Un hombre de carne es un hombre de sueño
La verdad no se parte
El trueno proclama los hechos del relámpago
Una mujer soñada encarna siempre en una forma amada
El árbol dormido pronuncia verdes oráculos
El agua habla sin cesar y nunca se repite
En la balanza de unos párpados el sueño no pesa
En la balanza de una lengua que delira
Una lengua de mujer que dice sí a la vida
El ave del paraíso abre las alas
Como la marejada verde de marzo en el campo
Entre los años de sequía te abres paso
Nuestras miradas se cruzan se entrelazan
Tejen un transparente vestido de fuego
Una yedra dorada que te cubre
Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio
Con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo
Los días harapientos caen a nuestros pies
No hay nada sino dos seres desnudos y abrazados
Un surtidor en el centro de la pieza
Manantiales que duermen con los ojos abiertos
Jardines de agua flores de agua piedras preciosas de agua
Verdes monarquías

La noche de jade gira lentamente sobre sí misma.

Octavio Paz

domingo, 2 de marzo de 2008

Los poderes de Emilia

Para Sophie Adèle, hermana melliza.


Su voz llena la casa de canto de pájaros y ruidos exóticos. Pasa, y como por encanto las paredes toman vida: se cubren de verdes y amarillos que aparecen en un despliegue de colores intensos; de la punta de sus deditos salen lianas, ramas enteras, que van enrollándose por los muebles: el paisaje se vuelve frondoso; en la cocina vibra la selva, ¿la oyen? se está riendo: las hojas espesas y húmedas se agitan con un ruido sordo, cargado, y regalan calor, el mismo calor que ofrecen sus ojos que lo mira todo, que lo cubre todo, bañando nuestro hogar de agua clara, fuerte y fresca, cayendo como cascada en el salón, por los pasillos y los cuartos, inundándolo todo. Sus pasos dejan flores abiertas, maduras, olorosas, y peces alocados contorneándolas en el piso del pasillo. Emilia, mi maga amazónica, tu carita de luna llena, tus ojos de cielo y de mar, tu boca deliciosa, colman el espacio de belleza salvaje, tu presencia salpica el invierno de alegría pura, de vida, mi vida, mi sol, mi niña, y cuando no estás solo se percibe el viento que se olvidó que Febrero terminó, y empezó Marzo, un mes feliz porque con él llegaste vos: feliz cumpleaños, hija.






No sabes a que punto tus hermanos te echaron de menos.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Fuite


En un club de jazz, París, Febrero

-Cuánto te cuesta salir, Laura…

-Los chicos…

-No me interrumpas, Laura, no, no son tus chicos, es tu elección, ¡merde!

-¡Robert!

-No me des excusas patéticas, te conozco, cuando quieres algo no hay quien te pare, no te olvides que van 20 años…

-20 años, ¿qué?

-20 años que te conozco, Laura, tozuda mía.

-No me digas así, Robert. Seré tozuda, pero no soy tuya.

-Mierda, Laura, podés tener la mirada más distante del mundo, ¿lo sabías? Me has helado la sangre.

- No jodas, Robert,-- mozo por favor--- ¿vas a pedir algo o qué diablos hacemos aquí?

-Te has puesto agresiva

-Serán tus reproches. Salimos para tomar un trago, y esto se convierte en una escena de una mala película sentimental. Esto me aburre, sumamente. ¿Dónde estamos?¿No hemos venido aquí al club que querías?, ¿quieres hablar? A ver, contame de una vez y dejá de hablar de mí… Pudiera estar en mi casa, ¿sabías?

-Maldita seas. Me voy, eso es lo que quieres, ¿no? De todos modos aquí conmigo no estás, estás…, no sé, en el fin del mundo. No estás, ausente la bella Laura, lejos, ida… Siempre…

-¿Qué querés? ¿Querés hablar? ¿Algún reproche más? puta que parió la salida, a ver, decime qué te pasa de una vez, conversemos, Robert que para eso somos amigos…

-Te he puesto de mal humor, Laura

-Sí. Ahora tengo ganas de tomar la maldita vodka e irme a mi casa.

-Te echo de menos.

-No entiendo, aquí estoy, estaba dispuesta a pasar una buena tarde, tomar un trago, escuchar música y conversar, pero ¿qué te pasa?

-Laura, no estás, ya nunca estás.

-Ufa, qué ganas de joder tenés.

-No te das cuenta, pero de repente sonó la Piaf y te pusiste rara, ida, Laura, te fuiste.

-Robert, me gusta la Piaf, soy intensa con la música, me puse a escucharla… qué sé yo. No te entiendo ¿y esto?…

-Tengo la impresión que siempre te molesto, qué estás esperando algo, alguien, no sé, es perturbador. Laura…estás en Francia y no. Te pido que de vez en cuando vuelvas.

Llegó el mozo con las vodkas, ¡al fin! El fin del mundo, qué tonto este Robert, ¿qué sabe del fin del mundo? Ailleurs, lejos, dice: ¿ no se llamaba el vino que pedimos? Lo que no sabe Robert es que antes de la Piaf sonó Aznavour, y que eso sí que me llevó al fin del mundo, un lugar capicúa, donde comí bife de chorizo en un lugar poéticamente llamado Rayuela, nos pareció mentira y divertido, y además estaba vacío, teníamos tanta hambre, no supieron en el hotel que restaurante recomendarnos, nos dejaron a nuestra suerte, ahí estábamos escuchando música francesa, en el centro del planeta, lejos de todo y de todos, con el que amo, peleándome sobre gustos y disgustos musicales, tomando vino en la tarde, tarde, los dos cansados por un viaje largo. Comimos y hablamos con ansias, nos miramos como si no existiera nadie más, y de hecho éramos solo dos parejas en el restaurante hasta el postre, después, ya solos, seguimos hablando, y yo canturreando claro, no lo puedo resistir, la moza tuvo que echarnos diciendo que era hora de cerrar, que había que pagar. Piaf, Aznavour, Moustaki y Brel, en Argentina, me sentía perdida y alegre; las verduras estaban perfectamente cocidas, las crepes de dulce de leche demasiado dulces, empalagosas, me tocó a mí dulce de batata con queso, perfectos, sí, el vino se llamaba Fin del mundo, y era exquisito o no, no sé, no importa, estaba con él, allá donde me corresponde, el fin del mundo, solos los dos, perfectamente felices.

-Laura, ¿qué te parece?

-Uhmm, ¿qué?

-¿Qué te parece la idea entonces?

-Bien, Robert, muy bien

-O sea que ¿me voy?

-Sí claro

-Es lejos

-Ajá. Podrás volver ¿no?

-Sí claro

-Bueno, entonces tienes que ir

-¿A las islas Galápagos?

-¿Cómo?

-No oíste nada de lo que te conté, Laura

-No exageres, sí oí, te vas y me parece bien. Me pides mi opinión, para qué pides mi opinión si no quieres oír mi respuesta, Robert.

-¿Vendrás a visitarme?

-¿Dónde?

-¡Madagascar! Joder Laura, no me has escuchado

-Sí claro, te escuché perfectamente, me parece una buenísima oportunidad

-¿Y las chicas?

-Tus chicas ya son grandes, Robert

-Ay, Laura, vamos, te llevo a casa

-Sí, es tarde. Gracias Robert, y perdona el mal humor

-Que te voy a perdonar, jodida, somos amigos desde hace tanto tiempo

-Estoy algo distraída es verdad, mucho en la cabeza

-Amor, nena, demasiado amor

-Sí quizás, pero así es. Lo siento.

-Vete allá de un puta vez y deja de vivir esta esquizofrenia.

-No te metas Robert, ya te dije.

-Es que me enfada...

-Asunto nuestro.

-Bueno, bueno, Laurita, no me meto. ¿Te gustó la música al menos? Y te hablo de los músicos, antes de que pusieran los discos.

-Me encantó la música, siempre me encanta la música, lo sabes.

-Me alegro. Otra vez cuando quieras salir, llamame

-Sí, por supuesto. Mozo, ¡la cuenta por favor!

domingo, 24 de febrero de 2008

Ventanillas abiertas en el coche y yo cantando

Del otro lado de la noche, hoy amaneció primavera. Sí, con todo lo que uno se espera, vitalidad, sol caliente, brotes de flores en los árboles y risas en la boca, una primavera inexorable, regalo de Febrero, un poco inmerecido, sin embargo dichoso y correspondido. Día hermoso, hoy, y París atolondrado de gente, que sorprendida y ansiosa de no perderse un minuto de sol caminaba por las calles saturadas con aires de buenos días, los cafés llenos y bulliciosos; todo tenía otro color, otra intensidad, miré para el cielo y no vi golondrinas, no, todavía no, pero sí que fue bonito el agasajo, el gusto, el día.




Ay, Alanis...

What it all comes down to my friends
Is that everything's just fine fine fine
I've got one hand in my pocket
And the other one is hailing a taxicab...

sábado, 23 de febrero de 2008

Desnudándome

Llenar el auto hasta que rebose de todas partes, cargarlo hasta el tope de las mil boludeces que he ido guardando, a ver, a ver, meter esos libros, papeles que he acumulado a lo largo de mis idas y venidas de un continente al otro, cajitas, recuerdos, esas macanas que uno va juntando, --mi historia lo llamaba yo--, llenar el auto e irme al vertedero de Saint Germain y tirarlo todo de un golpe, librarme de peso, alivianarme de una vez, verlos caer y sentirme liberada, “El arte del tricot”, "Los jardines japoneses", las revistas, los diarios, las carpetas de clases que he armado en todos estos años y que guardaba por una razón oscura, ¿pensaba realmente que me servirían? Los dibujos de los chicos cuando eran pequeños, papeles y más papeles que tenía pegados a mi cuerpo como si pudieran darme una identidad. No, esta vez no me los llevaré, cambio de vida, me voy ligera y libre, me voy nueva. ¿Y qué?, quizá me arrepiente de alguna cosa, de algún mueble, no, no llevaré casi nada, mi cama, el mueble chino del mercado “aux Puces” de París, mis cartas, esas sí, las fotos, unos cuadros, no muchos, los mejores, no tengo nada de valor, lo mínimo, lo menos posible, y volver a empezar. Sí, eso tengo que hacer hoy. Una musiquita me sigue desde esta mañana: "du passé faisons table rase"... Ajá, qué bien me siento hoy.