Uno es alto, negro de Haití, el otro bajo, magrebí, ambos hablan con voz suave y baja; tranquilos e inalterables parecen, yo en contraste parezco una pulga de circo, juntos formamos un cuadro opuesto: la calma y la excitación, ellos el Mediterráneo y yo el mar Cantábrico, ellos Suiza y yo Yugoslavia, ya me entienden; pero sobre todo, los dos son amables y simpáticos. Siempre se los ve juntos, cual pareja del cine mudo, y todos los días me saludan, se desviven por hacerme sonreír, "Inés", dice Ibrahim "¿te llevo al metro?"- "¿Oh, tenés auto?" -"No, colega, a pie, te llevo a pie, a la condición que no vayas a más de 90 kilómetros por hora, manía que le tienes a las corridas". -"No es eso, siempre ando con poco tiempo". "Ya ya"... me contesta: "lo que pasa, Inesita, es que estás enamorada del verbo ir al subjuntivo, "faut que j'y aille" (se dice en francés): debo irme, voy yendo, me fui. Dices: hola, ... me voy, chicos". -"Y que dices de los superlativos, replicó Antony,¡qué dices de los superlativos!, una maestra de los superlativos."
Me hicieron reír porque es un poco verdad y cuando coincidimos al salir del trabajo hoy, les prometí no correr, y no decir que me estaba yendo, les aseguré hacer un esfuerzo: caminaría y actuaría normalmente, entonces se pusieron contentos y me cantaron una canción. Me gustó el recorrido lento --qué difícil para mí-- y volví a casa con la musiquita en la cabeza, aquí va, en honor de mis colegas que me llevan al metro, a pie y cantando.
Brassens cantando en castellano
La versión original
miércoles, 3 de junio de 2009
miércoles, 27 de mayo de 2009
viernes, 22 de mayo de 2009
Alive and kicking!
Mamá, cansada, sí, esclava, no.
Soy una mujer fuerte y valiente, lo escribo con un suspiro, ¡qué remedio! --los chicos quieren ver una sonrisa antes de ir al colegio--. Soy más que nada una mujer ocupada, tan ocupada, hasta el agotamiento la mayoría de los días, como muchas mujeres divorciadas que tienen hijos y trabajo. Levantada a las seis para poner el día en marcha, acostada a las once cuando al fin cierro los cuadernos, los ojos y la voluntad con desesperación de lo horizontal, el cuerpo y la mente rodeados de una multitud de notitas pegadas por el escritorio donde me siento para terminar el día: pagar el alquiler, llevar a Guy al dentista, no olvidarse de devolver libros a la biblioteca, pedirle a Benja que lleve el cheque para la escuela, pagar impuestos... Inés, desconectá, concentrate en tu libro, leé y viajá, salí, volá, descansá, soñá, sí, soñá... Soy una mujer desorganizada que se olvida de las fotocopias para los alumnos de la tarde sobre el escritorio, o las llaves del aula, que busca sin cesar las gafas de leer, la bolsa, la hoja de asistencia, que repasa mil veces sus cosas toqueteando todo alrededor, ¿tendré todo? Que sale a las disparadas hacia el metro pensando que tendrá que pasar por el almacén después de la jornada de trabajo para comprar yogur para el almuerzo de los chicos, o al banco, ponerle nafta al auto. No te olvidés, Inés. Por favor, no te olvidés. Soy una mujer coqueta que piensa delante del espejo, ay, Nena, hacé un esfuerzo, tendrás a cuarenta alumnos mirándote todo el día, ponete algo de maquillaje en los ojos, y que se mira el cuerpo, las piernas, los pechos y piensa lo bien que sería hacer algún tipo de ejercicio, en algún momento libre, tomar menos, comer mejor, dos veces al día, cosas como les sirvo a los chicos: verduras, carne y alguna dulzura para terminar la comida. Soy una mujer social que se ríe con los colegas y conversa comiendo el sándwich en los pocos minutos que tengo a la una, antes de volver al aula. Soy, según mis compinches del trabajo, parlanchina, rara y fauvista. ¡Las ocurrencias de Inés! Soy algo extraña para mis colegas quizás, pero eso solo me hace sonreír porque existe alguien especial que sí me entiende a media palabra. Soy una mujer que se siente muchas veces agobiada por cositas que surgen y no son esperadas, que se enoja al pedo con el ex que solo quiere organizar, respuestas y decisiones. También soy feliz, todos los días, una media hora cuando camino en el trayecto de la casa al metro y del metro al trabajo, donde, según los consejos de mi hija que hace yoga los lunes, intento respirar profundamente y relajar la espalda. Cuando vuelvo a casa y están todos allí desorganizando, pidiendo, y hambrientos: mamá... uy, qué lindo, por dios, cuando pienso en la suerte, mi suerte, en el trabajo, en la primavera... Soy hija y amiga, atenta a mi gente y deseando cumplir lo del cariño, porque cariño tengo, que rebosa. Soy madre, y ese rol lo llevo con vehemencia, deberes, encargos, diligencias, atención, conversación: contame, hijo, yo te escucho. Soy una mujer cansada que ya ha perdido el norte y el sur, que ya no piensa ni escribe, pero que tiene mil ideas que no acabará de poner sobre el papel porque los días son tan cortos, tan llenos, tan largas las horas en el trabajo, tan intenso el preparar, terminar... Soy una mujer fuerte y valiente, querida por un hombre que respeto y adoro, que me apoya y me desea, eso me digo cada día al despertar, con muchos suspiros y secándome las lágrimas de cansancio. A ver, Inés, como era: soy una mujer fuerte y valiente... cansada, enamorada, ocupada, feliz y viva, tan viva.
Ya podré descansar.
Soy una mujer fuerte y valiente, lo escribo con un suspiro, ¡qué remedio! --los chicos quieren ver una sonrisa antes de ir al colegio--. Soy más que nada una mujer ocupada, tan ocupada, hasta el agotamiento la mayoría de los días, como muchas mujeres divorciadas que tienen hijos y trabajo. Levantada a las seis para poner el día en marcha, acostada a las once cuando al fin cierro los cuadernos, los ojos y la voluntad con desesperación de lo horizontal, el cuerpo y la mente rodeados de una multitud de notitas pegadas por el escritorio donde me siento para terminar el día: pagar el alquiler, llevar a Guy al dentista, no olvidarse de devolver libros a la biblioteca, pedirle a Benja que lleve el cheque para la escuela, pagar impuestos... Inés, desconectá, concentrate en tu libro, leé y viajá, salí, volá, descansá, soñá, sí, soñá... Soy una mujer desorganizada que se olvida de las fotocopias para los alumnos de la tarde sobre el escritorio, o las llaves del aula, que busca sin cesar las gafas de leer, la bolsa, la hoja de asistencia, que repasa mil veces sus cosas toqueteando todo alrededor, ¿tendré todo? Que sale a las disparadas hacia el metro pensando que tendrá que pasar por el almacén después de la jornada de trabajo para comprar yogur para el almuerzo de los chicos, o al banco, ponerle nafta al auto. No te olvidés, Inés. Por favor, no te olvidés. Soy una mujer coqueta que piensa delante del espejo, ay, Nena, hacé un esfuerzo, tendrás a cuarenta alumnos mirándote todo el día, ponete algo de maquillaje en los ojos, y que se mira el cuerpo, las piernas, los pechos y piensa lo bien que sería hacer algún tipo de ejercicio, en algún momento libre, tomar menos, comer mejor, dos veces al día, cosas como les sirvo a los chicos: verduras, carne y alguna dulzura para terminar la comida. Soy una mujer social que se ríe con los colegas y conversa comiendo el sándwich en los pocos minutos que tengo a la una, antes de volver al aula. Soy, según mis compinches del trabajo, parlanchina, rara y fauvista. ¡Las ocurrencias de Inés! Soy algo extraña para mis colegas quizás, pero eso solo me hace sonreír porque existe alguien especial que sí me entiende a media palabra. Soy una mujer que se siente muchas veces agobiada por cositas que surgen y no son esperadas, que se enoja al pedo con el ex que solo quiere organizar, respuestas y decisiones. También soy feliz, todos los días, una media hora cuando camino en el trayecto de la casa al metro y del metro al trabajo, donde, según los consejos de mi hija que hace yoga los lunes, intento respirar profundamente y relajar la espalda. Cuando vuelvo a casa y están todos allí desorganizando, pidiendo, y hambrientos: mamá... uy, qué lindo, por dios, cuando pienso en la suerte, mi suerte, en el trabajo, en la primavera... Soy hija y amiga, atenta a mi gente y deseando cumplir lo del cariño, porque cariño tengo, que rebosa. Soy madre, y ese rol lo llevo con vehemencia, deberes, encargos, diligencias, atención, conversación: contame, hijo, yo te escucho. Soy una mujer cansada que ya ha perdido el norte y el sur, que ya no piensa ni escribe, pero que tiene mil ideas que no acabará de poner sobre el papel porque los días son tan cortos, tan llenos, tan largas las horas en el trabajo, tan intenso el preparar, terminar... Soy una mujer fuerte y valiente, querida por un hombre que respeto y adoro, que me apoya y me desea, eso me digo cada día al despertar, con muchos suspiros y secándome las lágrimas de cansancio. A ver, Inés, como era: soy una mujer fuerte y valiente... cansada, enamorada, ocupada, feliz y viva, tan viva.
Ya podré descansar.
jueves, 21 de mayo de 2009
Benedetti y lluvia de sábado con A. V.

TÁCTICA Y ESTRATEGIA
.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
.
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
.
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
.
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
.
no haya telón
ni abismos
.
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
sábado, 9 de mayo de 2009
viernes, 17 de abril de 2009
Vals
Este vals criollo, compuesto por argentinos en los años 30, siempre lo adoré, en castellano y en francés. Es de hecho mi canción preferida de la Piaf. Qué nadie sepa mi sufrir... La foule, elijan... A mí me gustan las dos versiones, inmensamente. Sé que que muchos lo cantaron, pero no encuentro la interpretación del médico Alberto Castillo que le hizo decir a Piaf que le gustaría cantarla. Ni la de Hugo del Carril. En fin, aquí Helenita Vargas...
No te asombres si te digo lo que fuiste,
una ingrata con mi pobre corazón,
porque el brillo de tus lindos ojos negros
alumbraron el cariño de otro amor.
Y pensar que te adoraba tiernamente,
que a tu lado como nunca me sentí.
Y por esas cosas raras de la vida
sin el beso de tu boca yo me vi.
Amor de mis amores,
reina mía, qué me hiciste
que no puedo consolarme
sin poderte contemplar.
Ya que pagaste mal
a mi cariño tan sincero,
lo que conseguirás
que no te nombre nunca más.
Amor de mis amores
si dejaste de quererme,
no hay cuidado que la gente
de eso no se enterará.
Que gano con decir
que una mujer cambió mi suerte,
se burlarán de mi,
qué nadie sepa mi sufrir.
La foule
En ésta está vieja, alcohólica y lo sabemos hoy, al final de su vida, pero me emociona...
Je revois la ville en fete et en délire
Suffoquant sous le soleil et sous la joie
Et j'entends dans la musique les cris, les rires
Qui éclatent et rebondissent autour de moi
Et perdue parmi ces gens qui me bousculent
Étourdie, désemparée, je reste là
Quand soudain, je me retourne, il se recule,
Et la foule vient me jeter entre ses bras...
Emportés par la foule qui nous traîne
Nous entraîne
Écrasés l'un contre l'autre
Nous ne formons qu'un seul corps
Et le flot sans effort
Nous pousse, enchaînés l'un et l'autre
Et nous laisse tous deux
Épanouis, enivrés et heureux.
Entraînés par la foule qui s'élance
Et qui danse
Une folle farandole
Nos deux mains restent soudées
Et parfois soulevés
Nos deux corps enlacés s'envolent
Et retombent tous deux
Épanouis, enivrés et heureux...
Et la joie éclaboussée par son sourire
Me transperce et rejaillit au fond de moi
Mais soudain je pousse un cri parmi les rires
Quand la foule vient l'arracher d'entre mes bras...
Emportés par la foule qui nous traîne
Nous entraîne
Nous éloigne l'un de l'autre
Je lutte et je me débats
Mais le son de sa voix
S'étouffe dans les rires des autres
Et je crie de douleur, de fureur et de rage
Et je pleure...
Entraînée par la foule qui s'élance
Et qui danse
Une folle farandole
Je suis emportée au loin
Et je crispe mes poings, maudissant la foule qui me vole
L'homme qu'elle m'avait donné
Et que je n'ai jamais retrouvé...
Bueno me doy un gusto. La letra en francés me ha perseguido mucho tiempo. Me parece una joya, de Michel Rivegauche.... Una maravilla.
Me fascinan los vals peruanos. Los adoro.
No te asombres si te digo lo que fuiste,
una ingrata con mi pobre corazón,
porque el brillo de tus lindos ojos negros
alumbraron el cariño de otro amor.
Y pensar que te adoraba tiernamente,
que a tu lado como nunca me sentí.
Y por esas cosas raras de la vida
sin el beso de tu boca yo me vi.
Amor de mis amores,
reina mía, qué me hiciste
que no puedo consolarme
sin poderte contemplar.
Ya que pagaste mal
a mi cariño tan sincero,
lo que conseguirás
que no te nombre nunca más.
Amor de mis amores
si dejaste de quererme,
no hay cuidado que la gente
de eso no se enterará.
Que gano con decir
que una mujer cambió mi suerte,
se burlarán de mi,
qué nadie sepa mi sufrir.
La foule
En ésta está vieja, alcohólica y lo sabemos hoy, al final de su vida, pero me emociona...
Je revois la ville en fete et en délire
Suffoquant sous le soleil et sous la joie
Et j'entends dans la musique les cris, les rires
Qui éclatent et rebondissent autour de moi
Et perdue parmi ces gens qui me bousculent
Étourdie, désemparée, je reste là
Quand soudain, je me retourne, il se recule,
Et la foule vient me jeter entre ses bras...
Emportés par la foule qui nous traîne
Nous entraîne
Écrasés l'un contre l'autre
Nous ne formons qu'un seul corps
Et le flot sans effort
Nous pousse, enchaînés l'un et l'autre
Et nous laisse tous deux
Épanouis, enivrés et heureux.
Entraînés par la foule qui s'élance
Et qui danse
Une folle farandole
Nos deux mains restent soudées
Et parfois soulevés
Nos deux corps enlacés s'envolent
Et retombent tous deux
Épanouis, enivrés et heureux...
Et la joie éclaboussée par son sourire
Me transperce et rejaillit au fond de moi
Mais soudain je pousse un cri parmi les rires
Quand la foule vient l'arracher d'entre mes bras...
Emportés par la foule qui nous traîne
Nous entraîne
Nous éloigne l'un de l'autre
Je lutte et je me débats
Mais le son de sa voix
S'étouffe dans les rires des autres
Et je crie de douleur, de fureur et de rage
Et je pleure...
Entraînée par la foule qui s'élance
Et qui danse
Une folle farandole
Je suis emportée au loin
Et je crispe mes poings, maudissant la foule qui me vole
L'homme qu'elle m'avait donné
Et que je n'ai jamais retrouvé...
Bueno me doy un gusto. La letra en francés me ha perseguido mucho tiempo. Me parece una joya, de Michel Rivegauche.... Una maravilla.
Me fascinan los vals peruanos. Los adoro.
viernes, 3 de abril de 2009
Cine
Cine Candilejas, Tucumán.Un verano caluroso en Montreal, cuando era chica, viviendo con unos familiares mientras esperábamos tener casa propia, o irnos, ya no sé, íbamos al cine. La ciudad estaba vacía, el mes de Julio demasiado caliente para estar fuera, o sea que todos los changos, éramos cinco chicos, nos íbamos ahí nomás, cerca, al cine del barrio, pagábamos la entrada en la primera función del día, nos instalábamos en la sala oscura con pantalla gigantesca, y ahí pasábamos la sesión del mediodía, de las dos, de las cuatro solo para volver a casa, con hambre, a la tardecita cuando ya se podía nuevamente respirar. Veíamos la misma película tres o cuatro veces seguidas, no nos levantábamos por miedo que nos vengan a buscar, nos echen o nos pidan más plata, pero por suerte no ocurrió, nadie nunca vino, nadie apareció, y muchas veces fuimos los únicos espectadores en la sala. Yo puedo ver una película muchas veces sin cansarme, sin siquiera moverme, hasta el día de hoy. No sé cuando exactamente me entró pasión por el cine, ya en esa época estaba completamente enamorada de la sala oscura, y también, claro de las fotos, los paisajes, los decorados, los actores, y la música. ¡Ah!, mirar una historia con fondo musical, ¿habrá algo más divertido? Y esas actrices, bellas, malas, o divertidas, los actores fuertes y elegantes, hábiles, saltando, bailando, disparando, dialogando sólo para vos, las veces que quieras oírlos. Guiones, cámaras, interpretación, claro después en la adolescencia me interesé en el cine con mirada más crítica, y por supuesto que en la intimidad de la falta de luz, habré dejado que un festejante me acaricie la rodilla o ponga su mano sobre mi hombro, no digo que no, pero la felicidad que sentí todo ese verano con aire acondicionado, pochoclo y Terence Hill, nadie me la quita.
Feliz día, mamá, en tu noche de media luna.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)