lunes, 6 de abril de 2015

Mareo

La naranja viene de China. Lo sé por haber leído un libro de pequeña que me dio el hijo de Jacques Ferron, Olivier, cuyo padre era un médico escritor quebequense amigo de mi padre, una vez que estuve en su casa y que no sabía qué hacer conmigo, niña aburrida, en una tarde de verano en la cual los adultos me dejaron a su cargo: pobre chico apenas mayor que yo... Un libro de dibujos chinos, hermoso, que me llevé a la Argentina cuando mis padres se separaron por primera vez. Lo leía en la siesta cuando en Tucumán todos dormían. Ocurre que China es mi apodo, no porque tenga los ojos achinados o de extraño color, sino porque en quichua significa joven hembra; quichua, no quechua, la versión argentina del idioma del Perú. China o chinita, decía mi papá. Pero al caso, la china es la fruta en Puerto Rico de la cual se hace jugo de naranja, tan dulce al despertar. !Cuanto me sorprendió oírlo! de la boca caribeña de un Stewart en un avión yendo a la isla. Tiene su lógica, ¿no es cierto? De hecho, la naranja también crece en Tucumán, donde nací pero se la come con azúcar por ser amarga. La naranja fruta del azahar, tan rico perfume, tan entrañable. De niña, mi madre decía que era yo una reencarnación de una china de la China y no Inca como se podría suponer, ya que soy tucumana. Ni tampoco nada que ver con lo dulce o amargo, sino con la fascinación que mostraba yo con ese pueblo. Naranja viene del árabe, anteriormente del persa y antes del sanscrito, pero su origen es definitivamente la China. ¿Entiendes? 
No…
Bueno, no importa. Tomate el jugo nomás.

sábado, 14 de febrero de 2015

viernes, 9 de enero de 2015

Gris

Mon coeur pleure Paris, pleure la peur, pleure ses victimes, ses bourreaux, pleure des Français accablés, pleure ce monde cassé, brisé, caduc. Mon coeur pleure abattu, appréhensif de ce qui viendra. La peur n'est pas bonne conseillère. Elle divise, rend borné, fermé, bête. Mon coeur pleure la mort dans ce Paris dont le jour fléchit, 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Para Joseph

Poeta guatemalteca, barcelonesa y argentina: Alaíde Foppa

El corazón
Dicen que es del tamaño
de mi puño cerrado
Pequeño, entonces,
pero basta
para poner en marcha
todo esto.
Es un obrero
que trabaja bien
aunque anhele el descanso,
y es un prisionero
que espera vagamente
escaparse.

¿Qué te parece éste?

Mis hijos
Cinco hijos tengo: cinco,
como los dedos de mi mano,
como mis cinco sentidos,
como las cinco llagas.
Son míos:
cada día
soy más de ellos,
y ellos,
menos míos.

Por la secreta vía de la sangre,
algo de mi apariencia se llevaron.
Mis ojos castaños me miran hoy
con renovado brillo; ríe mi boca
alegre y limpia, con dientes de niño.
Y misteriosamente reaparecen
semblantes de mi infancia,
que nueva vida ocultos esperaron.
Hondo caudal irremplazable, el tiempo
también les di, más mío que mi sangre:
el hilo ininterrumpido de los sueños
y el curso roto de los pensamientos;
la larga espera, las noches despiertas,
el reposo no repuesto, las fiestas...
Y el tiempo se acortó
de mi frágil belleza pasajera


Intacto brotó el amor cada vez,
como si diera la misma semilla
el fruto que de mí se desprendía
y en mi fértil corazón, nueva flor.
Oh, amor, estremecimiento sombrío,
esperanza y temor,
y el manto de piedad que los abriga.
Sangre, amor y tiempo,
de mi vida les di.
Mas no me dejó desnuda
la inagotable entrega
por si misma nutrida:
entera me daría,
cada día,
por cada uno de ellos,
y entera y florecida
quedaría.

Cinco hijos tengo,
cinco caminos abiertos,
cinco juventudes,
cinco florecimientos.
Y aunque lleve el dolor
de cinco heridas
y la amenaza
de cinco muertes,
crece mi vida
todos los días.