jueves, 10 de junio de 2021

Niagara

Pendant que les champs brûlent

J'attends que mes larmes viennent
Et quand la plaine ondule
Que jamais rien ne m'atteigne  

jueves, 3 de junio de 2021

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Subiendo por la pista ciclista del barrio de Rosemont, en el centro norte de Montreal, se me cruza una monja vestida con velo largo y túnica hasta los pies. Hacía años que no veía a una monja con su atuendo. Un segundo pensé que quizás sea un disfraz o un traje de teatro ya que la monja era joven y bella, alta y elegante (parece mucho, ¿no?). Pasé, sonreí y me concentré nuevamente en mi trayecto lleno de obstáculos, hoyos, hormigón reventado. ¡Ah la ciudad en primavera!, ¡oh Montreal de mala calidad! Al volver de ese mismo trámite, un par de horas más tarde, paso al revés por una calle paralela y a mi izquierda surge un cura, también alto, joven y elegante con su cuello clerical y un traje gris perfectamente cortado. Me quedé pensando. Primera observación: en un solo día veo a dos religiosos, más que en diez años paseando por la calle. Segunda observación, están vestidos de una forma elegantísima, son jóvenes y altos; tercera observación, caminan en calles paralelas en la misma dirección a la misma altura. Si lo escribo en un cuento, resultará demasiado craso. Así la vida en junio.

Junio el mes de mis aventuras. El mes en que intento cosas nuevas fuera de lo común como esa vez que nos tiramos al agua en un bote dragón con colegas tan novatas como yo. Aprendimos a remar al unisón en el agua a la tardecita de seis lunes de un mes de junio  (y un poco de julio, claro) anormalmente fresco. ¿Por qué barco del dragón? No tengo ni la menor idea. ¿Por qué acepté? Tampoco tengo respuesta. Lo hicimos un mes y medio hasta que se termine el cursillo. Una cosa nueva, exigente y divertida en el agua del canal Lachine.


El año pasado, año pandémico, me puse a caminar, pedalear como una loca. Este año, otra cosa encontraré. Ya que al no tener cosas agradables por lo menos cosas nuevas habrá que intentar.

miércoles, 19 de mayo de 2021

Carne y arena (18 de mayo 2021)

 


 Carne y arena

 

Sentí desde la puerta de entrada, la voluntad del museo de crear una atmósfera particular, ¿será el museo o el artista? (creo que le dicen experiencia ahora) - Largos pasillos negros para entrar, una demora con el propósito de mantener una suerte de ansiedad (además de detalles tecnicos); la gente va entrando gota a gota; en la salita de espera la voz de una encargada dice: “cuando usted entre, tendrá que despojarse de todo lo que trae, déjelo en la entrada”. Ni teléfono ni cartera, nada. Hubo algo teatral, solemne en la construcción de la exposición.

Desde el 17 de marzo hasta el 15 de agosto 2021, el centro Phi (en el Arsenal de arte contemporáneo) presenta la exposición Carne y arena del cineasta Alejandro Gonzales Iñárritu.

El asistente, luego de ser llamado, entra en una primera sala sin saber lo que le espera. La primera sala tiene el aspecto de un vestuario frío e impersonal, un detalle, sin embargo, zapatillas, zapatos, sandalias, todos usados y de tamaños diferentes han sido dispuestos contra las paredes metálicas de esa sala donde la temperatura es baja; ahí unos carteles nos piden de descalzarnos y poner los zapatos en un casillero, luego un foco colorado parpadea mostrando la puerta por la cual entrar. Todo tiene una apariencia glacial. Como preparándonos a perder algo de nuestra humanidad.

En la segunda sala: arena, la sensación rasposa bajo los pies de una arena tosca, una sala ni chica ni grande, rectangular. Una explicación de unos minutitos de cómo usar el casco de realidad virtual: el objetivo es que el sistema de realidad sea lo más completo posible. Viajaremos y estaremos inmersos en un desierto.

La experiencia virtual fue fuerte, un grupo de personas arrestadas por la policía de la frontera entre México y los EE. UU. Un helicóptero ruidoso y amenazante, gritos, pasos, penumbra, disparos, agitación, miedo, el foco implacable de las luces altas del jeep, movimientos repentinos, una tensión entre un policía y el supuesto coyote, una persona descompuesta, participamos en ese momento como espectador y partícipe. Podemos movernos, caminar, escondernos detrás de una roca. Yo no pude moverme. De repente, una mesa alrededor de la cual un grupo de personas esperan, no sê como explicarlo sino que estamos en Europa en una de las islas griegas que acogerieron a tantos refugiados sirios y demás países cercanos. Un guiño de Iñárritu (muy bien pensado).

No fue mi primera experiencia de realidad virtual, ya en dos o tres ocasiones experimenté esa sensación rara de estar en un lugar sin cuadro, ingrávido, volando en un ambiente tridimensional. La arena quería aquí recordarnos de nuestro cuerpo, mantenernos conectados.  El rato termina con la luz del día, la aurora y nos deja habiendo vivido una experiencia a solas, muda, con los ojos gran abiertos. Seguramente, en otra ocasión, la experiencia sería diferente, me sentaría, me movería más, no sé. Solo sé que cada vez que uno se pone ese casco virtual, la aventura es otra.

Iñárritu quería que sintiéramos, no tanto ver o comprender sino sentir el miedo, la desesperación, el cansancio de un grupo de gente, niños, mujeres, hombres.

Una última sala con fotos y sobre las fotos, la historia de los protagonistas de las historias que sirvieron a producir esta película. Los cuentos que alimentaron la escena.

Sí, algo de teatro hubo durante mi pasaje por la exposición, pero me gustó, me gustó mucho.

viernes, 14 de mayo de 2021

Casi casi el verano Sensations (Rimbaud, 1870)

 


Par les soirs bleus d’été, j’irai dans les sentiers,
Picoté par les blés, fouler l’herbe menue :
Rêveur, j’en sentirai la fraîcheur à mes pieds.
Je laisserai le vent baigner ma tête nue.

Je ne parlerai pas, je ne penserai rien :
Mais l’amour infini me montera dans l’âme,
Et j’irai loin, bien loin, comme un bohémien,
Par la Nature, – heureux comme avec une femme.

Vacances