domingo, 9 de enero de 2022

Le violoniste perdu dans la neige

 

Cierro los ojos y veo su silueta frágil, su pelo canoso algo loco, sus ojos a medio cerrar, tocando su violín en el centro de una gran extensión llana, blanca, solitaria. Oigo el sonido cálido de su instrumento vibrar, llorar, temblar y perderse. Por supuesto que la imagen no tiene sentido, sino que me gusta su cuento y mientras  me lo cuenta bajito me permito dejar correr la imaginación que su voz provoca. Invierno canadiense, blanco y frío: mi amigo me dice un día fue a una audición en un lugar perdido del centro del Quebec, donde aterrizó buscando trabajo, un pueblito que por única virtud reunía a una orquesta que necesitaba alistar a un músico más. Y como es violonista, y como no es de aquí, y como estaba solo, tan solo, fue. Lo esperaban en un gran local (cafetería de día, bar de noche, ocasionalmente sala de ensayo) casi vacío y frío donde el jefe de orquesta y dos o tres músicos --algo así como titulares--, con ojos redondos y curiosos lo recibieron. Lo invitaron a ejecutar un tema a elección, alguna cosita que le parezca apropiada; nunca habían visto a un extranjero, dijo riendo. Fui el primero. Es más, fui el único durante los cuatro años que toqué allí. Me río yo también, es verdad que no es de aquí, su piel color de miel, su postura, su forma de llevar cabeza hacia la derecha en un cabeceo bailarín y simpático muestran la distancia que lo separaba de los que vinieron a oírlo. Casi diría que desentonaba. Y así fue que ese hombre foráneo, sin abrir la boca, sin tener que explicar nada, se incorporó a ese grupito, practicó, comunicó con la ayuda del pasaporte más universal: la música. La música lo hizo aparecer, existir como persona en el medio de la nieve.

Me asegura que esa parte de su vida de inmigrante recién llegado fue grata. Ahora, por suerte para mí, se interesó al tango que oye como ninguno y baila a lo milonguero, la música arrasa fronteras, funde la nieve y une los pueblos, las manos y los cuerpos en un abrazo tanguero. Qué bien, che.



martes, 28 de diciembre de 2021

Luciana Jury - Yo no se que me han hecho tus ojos


 "Las apariencias son hermosas en esta su verdad momentánea" Octavio Paz.

¿Te interesa el interior de mi casa y crees entender quién soy? Lo que ves corrobora la idea que tienes de mí; ajá, estás analizando, juzgando lo que crees entender. Sin embargo, cuidado: las apariencias son tramposas. Empezando por tus ojos que vienen cargados de tu historia, tus impresiones, tus gustos; mi casa en tus ojos habla más de ti que de mí, ya que solo puedes ver lo que reconoces. ¿No te parece?

¡No!

¿No? Por qué no, si uno ve el mundo a su imagen, vamos, es una evidencia. O crees en esa tontería de la objetividad.

Simplificas demasiado.

Quizás.

Tu casa muestra un gusto por los recuerdos.

Ah, ¿y?

Tu pasión por tus hijos.

Uy qué difícil adivinar eso…

Te gustan los libros

Jajajaja, ya para, por favor, no sabes nada de nada y ni lo intentes

Al mismo tiempo eres injusta, has elegido cada objeto, los pones a la vista, los declaras al mundo: las fotos, los cuadros, los colores que eliges hablan de ti. Son las cosas que te importan, detrás de cada cosa brota tu inconsciente.

Te dije que pararas, me vas a matar de la risa. Por supuesto que cada cosa que se encuentra en mi casa es mía, sin embargo, lo que digo es que crees saber quien soy. Lo vi en tu mirada. Eso no es verdad. Una persona, aunque esté vestida, puede ser otra de la que imaginas. Eso digo simplemente.

O sea que si entiendo bien, dices ¿que uno solo vive de ilusiones?, y lo que veo y creo entender de ti es mío o soy yo, ¿algo así? Al final, resulta que las apariencias son infinitamente más deliciosas que la realidad. 

Has cambiado por completo lo que quería decir pero vale, olé, ...

lunes, 20 de diciembre de 2021

Alejandra

Cerraron las milongas. Se acabó el tango de momento. Nuevamente, estamos acorralados por el maldito bicho. Me senté en la compu buscando un airecito que rondaba por la cabeza y oí este de Troilo y letra de Ernesto Sábato. Me pilló desprevenida y me hizo pensar muy fuerte en un amigo. Se lo dedico.


He vuelto a aquel banco del Parque Lezama.
Lo mismo que entonces se oye en la noche
la sorda sirena de un barco lejano.
Mis ojos nublados te buscan en vano.
Ahora, tan sólo, la bruma de otoño,
un viejo que duerme, las hojas caídas.
El tiempo y la lluvia, el viento y la muerte
ya todo llevaron, ya nada dejaron.

Qué siga la fiesta, aunque solo en la cabeza. 



 


miércoles, 1 de diciembre de 2021

Desde el pasillo le grité, uy qué mala...

 

Sus cartas empiezan por la primera frase de los distintos capítulos del libro que me prestó y del cual me habló con un entusiasmo infantil muy poquito tiempo después de que nos hayamos conocido. Un buen libro por otra parte. Pretendía establecer un código secreto entre nosotros. Pero me reí tan fuerte que casi se enoja. Le pregunté: ¿recordame tu edad?

¿Uy, por qué te reíste? Supongo que quería establecer intimidad y vos te reís. A mí me parece algo simpático.

Vos sos totalmente literaria, pero yo no, pibita. Por favor. Sabes que me dijo cuando le dije que no creía que nuestra historia funcionaría.

¿Qué?

Me dijo que la separación formaba parte de una historia de amor.

Mi amiga seguía riendo tan fuerte que no se dio cuenta que me me había ido de su aula y desde el pasillo le grité nuevamente, ¡ uy qué mala, che !