martes, 21 de julio de 2026

Estrellas y fantasmas

[...] Fuselli decía que muchas de las estrellas que brillan en el cielo en realidad se extinguieron hace millones de años y que lo que vemos es la luz que aún viaja por el espacio. Sostenía que las personas también emiten una radiación y que, después de muertas, esa radiación sigue llegando hasta los vivos como la luz de las estrellas muertas, y que eso son los fantasmas. [...]
Ernesto Mallo ( El Policía Descalzo de la Plaza San Martín)

sábado, 27 de junio de 2026

Jalones del tiempo, trastos

Sentimental y acumuladora, lo soy un poco, aunque intento recuperarme. Al haber estudiado historia, la importancia de los papeles, documentos y cartas es fundamental para mí. Me río de mi mala fe. Esa es mi excusa. 

Dejo entreverados en mi casa testimonios de lugares donde fui, postales, fotos; también, por supuesto, facturas, tarjetas, cualquier cosita que deje constancia de momentos que viví. Me gusta también encontrarlos al abrir un libro, un cuadernito. Y como pompas de jabón, aparecen recuerdos. 

Soy incapaz de recordar nada. Padezco de una memoria deplorable, casi inexistente. Los nombres, las fechas, uhm, no, nada, casi nada. Por suerte, la tecnología tiene la capacidad de retener lo que mi cerebro no puede. Los archivos de los correos electrónicos y mis documentos inútiles, sin embargo, significativos, me llevan tal una máquina del tiempo a paisajes vividos y dibujados por un dato, una frase, un anuncio.

Cuando me agarra la locura de poner orden y tirar cachivaches, entonces me siento sobre la alfombra  y viajo; eso me gusta.

9-07-2011 "En un viaje hacia el norte de Perú, paramos primero en esta ciudad tranquila (Trujillo), plana, ancha, agradable. Nos iremos a ver Huacas y las huellas arqueológicas de Chan Chan,[...]"

Ya no me acordaba de cómo se llamaban las ruinas. Y con una ola venida de no sé dónde, siento el calor seco del sol de invierno peruano ese día. Un sol espléndido, unas ruinas maravillosas, un lugar laberíntico, ocre, un cielo azul. 





Una factura del 2005: reparaciones del auto Toyota que teníamos en Francia. Ni sabía que había sido una Avensis Línea Luna, creo que nunca lo supe, ya que los autos me importan poco. Me interroga la policía y voy a la cárcel, directamente.



Myriam y Vincent me mandaron una nota por la muerte de mi madre. Unas palabras de pésame sentidas, hermosas. No lo recordaba. No sabía ni de qué se habían enterado. No sé cómo viaja la información de un lado al otro del planeta.

Me levanto ya que  pasan las horas y solo he abierto un cajón de nada. Cierro el cajón al haber tirado un borrador, unos cacharros, nada más, sintiéndome muy afligida por mi total ineficiencia. Mi memoria desparramada entre mil cositas, sin funcionar donde debería. Un museo para reconstruir eventos de mi frágil vida, ya que no almaceno gran cosa.








sábado, 13 de junio de 2026

20 años


Sentir que es un soplo la vida
Que veinte años no es nada
Qué febril la mirada, errante en las sombras
Te busca y te nombra...

viernes, 1 de mayo de 2026

11 años : acero

 





11

63

89

31 

 

Aniversarios, cumpleaños, referencias, así nuestra percepción del tiempo con números, siempre para controlar lo incontrolable.  

El tiempo siempre borrando y siempre escribiendo.Y lo que escribe en este momento no da para alegrarse, aunque vos podías alivianar las cosas. En once años te has evitado unos cuantos desastres, pero como somos seres entre animal y superhombre, seguimos levantándonos por la mañana. Este año tampoco se puede aplaudir mucho. Pero los tuyos están bien. Aguantando. Me has pillado en un día apesadumbrado, pero no todo está mal, poco a poco nos está llegando la luz, el calor, la conclusión de propósitos, planes y perspectivas buenas.


Se dice que a los 11 años se celebran las bodas de acero por la resistencia, la versatilidad y la dureza de ese material aleado. Y si bien no es una unión que se celebra aquí, llega el Primer de Mayo y pienso en nuestra relación y en lo que quedó. Ese día de pensar en vos, es un momento bonito. Nuestro. Sigues moviéndome. Escribiéndome.  Como el acero, resistiendo al olvido por tu luz, por tozuda yo, por haberte tenido con tanto amor; versátil, por tener que vivir con tu legado, tu ser complejo, y dura, por el recuerdo sólido, firme fuerte. Quizás sería bueno acerarnos un poco en estos tiempos. Alear nuestras fuerzas y nuestras esperanzas. 11 años, mamá, seguimos tenaz evocándote.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

Juan Gelman

 

Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de ti.
Me he acostumbrado a beber la noche lentamente,
porque sé que la habitas, no importa dónde,
poblándola de sueños.
El viento de la noche abate estrellas temblorosas en
mis manos, que aún no se conforman, viudas inconsolables
de tu pelo.
En mi corazón se agitan los pájaros que en él sembraste
y a veces les daría la libertad que exigen
para volver a ti, con el helado filo del cuchillo.
Pero no puede ser. Porque estás tan en mí, tan viva
en mí, que si me muero a ti te moriría.
Juan Gelman.

sábado, 17 de enero de 2026

Rotura

Soy una rodilla. Está presente cuando abro los ojos, levanto las manos, enderezo el cuerpo, me siento, me doy la vuelta hacia el pizarrón, hablo con los colegas, alumnos o cuando camino sola por las calles. Soy una rodilla, siempre ahí como un sol en el medio de mi cuerpo palpitando. Es imposible ignorarla. Los músculos cercándola, tensos, dolorosos, acechando cualquier movimiento, sujetando mi atención, mi respiración desde hace meses. Soy una rodilla, ya no tengo cuerpo.

¿Como estás, Inés?

¿Yo? Estoy fémur, tibia, rótulo, peroné, ligamentos, meniscos, ay, sí, sí estoy menisco desgarrado.

¿Y qué?

Y, eso.


domingo, 16 de noviembre de 2025

domingo, 1 de junio de 2025

Du coin de l'oeil

 ¿Qué es eso que brilla?

El piso gris me confunde.

A ver, ¡oh, es un ganchito de papel!, un clip metálico en el piso. ¡Tan chiquitito y abandonado!

Las cosas se me pierden, es algo que domino, casi profesional; soy proclive a sufrir pequeños olvidos, a concentrarme en un pensamiento y dejar que las manos realicen acciones inconexas; la atención la tengo en mil cosas y en absoluto en la ejecución de una tarea, eso es seguro. Vivo en mi cabeza sin mirar el exterior. Además, con la vista cada vez peor, eso de desprenderme del mundo externo, está más normal que nunca. He visto en alguna parte que la gente pasa todos los días diez minutos buscando cosas.  También, he leído que podría ser genético, joder lorito, algunos distraídos seríamos del T y otros de C. Por mi parte, pienso que…

¿Qué estará haciendo ahí? ¿Cómo se habrá caído? ¿Se habrá pegado a la suela de un zapato?, pero entonces, ¿por qué tan alejado en esa esquina? Al hacer un gesto con los brazos, ¿habrá saltado de un bolsillo?; al abrir un bolso, se ¿habrá escapado como la Reina Batata? La persona lo tendría en las manos y distraída, se le habrá deslizado. ¿Cuánto tiempo hará que esté ahí perdido, ajeno a su función, entreverado entre la mugre del suelo y del color del piso? Pienso también que una persona se habrá puesto a leer, desprendiendo sin querer el clip que se cayó al piso y …

Aunque discreto y pequeño, yo lo vi y lo estoy observando, y ahora pensado en su recorrido, calculando posibilidades.

Me intriga ese clip tan fuera de lugar. Observo el piso, es lo único que esté en ese piso que deben limpiar a menudo.

-Oiga, ¿falta mucho?

-No, no, ya salgo


Souvenir


domingo, 4 de mayo de 2025

Le pont Monk

 Por mi profesión, suelo tener todo planeado, entonces  a veces, en un acto de rebeldía, me voy por las ramas, literalmente, solo para probar en sentido opuesto, por sopetón, el desbarajuste de las posibilidades. Me dejo guiar por la luz, el viento, un crujido que me aparece como una puerta inesperada y oportuna. 

No soy aventurera, me falta tiempo para eso, sino que curiosa sí, eso sí. Entonces, una que otra vez, me meto y veo. Tampoco soy muy espontanea, el impulso me parece a veces sobrevalorado. No obstante, la otra noche, en el cruce de dos caminos, con un cielo poco iluminado, por el canal, giro de repente a la izquierda en vez de la derecha que sería el camino correcto. No sé que me pasó. 

En mi bicicleta, sin luz delantera, me puse a pedalear alejándome de mi casa hacia un camino intuido más que elegido. Por una salida desconocida, me adelanto, me equivoco, luego creo reconocer el oeste sombrío de mi barrio, respiro lentamente y subo una calle empinada. La bici hace un ruido sospechoso, me bajo, miro en mi entorno y me encuentro delante de una puerta iluminada debajo de unas escaleras estrechas. Pasan por mi lado dos jóvenes y entran. Aparco la bici, abro la puerta y me encuentro en una sala grande con mesas de maderas grandes estilo picnic con manteles de plástico y delante de todas ellas, un escenario pequeño donde toca una banda de hillbilly blues. Unos cuantos muchachas y muchachos aparentemente anglófonos bailan con coreografías bien ensayadas, el ambiente tiene un aire de otro tiempo, no sé bien donde estoy. Me siento a una mesa del fondo para no molestar y en ese momento uno de los músicos se pone a cantar. La sensación de haber regresado hacia los años 70 es fuerte. Las lucecitas de color verde, rojo y amarillo parpadeando a lo largo del bar de madera, las sillas altas recubiertas de un material sintético y pegajoso. Las cortinas rojas pesadas, no sé, de hoy, no era el lugar.

Me quedé un momento a contemplar y escuchar, luego, ya era tarde, luego más ubicada, pude regresar a mi casa. En realidad, no estaba lejos totalmente, sino que lo vivido me pareció un viaje inesperado.




jueves, 1 de mayo de 2025

10 años


Madre de abril que te moriste en mayo. Volvió mayo,  volvió el otoño allá en los tucumanes, lluvioso, me entero y una primavera caprichosa aquí, cerca de tu canal.  Todo vuelve y sin embargo tu voz, tu atención, tu risa, tu humor, tu conversación, tus indignaciones, tus temores, tu amistad indefectible, tu amor por nosotras, redondo, honesto, incontestable, no vuelve : se transforma; se incorpora a mi cuerpo, a mis mañas, a mis gestos, a mis palabras. Estás cada vez más dentro de mí que en el recuerdo. Con esa cara mía que es de la mi padre, me estoy pareciendo a vos, cada vez más. Lo veo en mi boca y en la mirada.

Diez años de crecer para los hijos míos. Están hermosos, felices, estarías encantada con ellos. Diez años de tranquilidad para mí. Diez años de cambios para Paulina, y otro diez más desastrosos para el mundo que siempre fue una porquería. Ahora lo noto más. Diez años y sigo pensando lo lindo que sería  conversar una vez más de todo y de nada como lo hacíamos siempre, hablar con vos.

domingo, 9 de marzo de 2025

Antipática

 -Creo que lo voy a dejar.

-Uy, pero me parecía a mí que estaban bien, ¿hace cuanto ya: un año, dos?

-Sí, sí, nos va bien, pero ...

-Pero ¿qué? Piénsalo antes de hacer macanas.

-Empecé a notarle los defectos.

-Todos los tenemos.

-Sí, pero sus cualidades compensaban sus defectos, y ahora sus defectos resaltan más que sus cualidades.

-Lo conozco poco, pero me parece un tipo compañero, amable, fiel, recto, con un alto sentido de la justicia.

-Sí, es verdad, todas esas cosas son verdad, es más, no es ni egoísta, ni cruel, ni irresponsable, esas cosas feas. Todo lo contrario. Es un hombre tranquilo y muy bien, trabajador…

-¿Entonces?

-Me aburro.

-¡Ah!

-Y, sí.

-Oh, ¡sos de terror vos! ¿no?

-Ya.




sábado, 8 de marzo de 2025

Tournicoton

 El universo está lleno de magia y espera, pacientemente, que nuestra inteligencia se afine. Así es, lo creo y lo vivo.

Me suelen pasar las cosas de forma abultada, me explico: no me llaman por varios días y cuando digo varios… de repente, suena el teléfono y es mi hermana, al mismo tiempo suena un bip alertándome que hay dos personas en la línea, ¿otra persona? ¿de verdad?, y sí, y ahí no se acaba: aparece un texto de mi hijo, para terminar con esto en el Facebook me mandan un video. En un espacio de 15 minutos he recibido las comunicaciones de las dos próximas semanas y cuando digo dos… Así como la nieve que cayó aquí: la cantidad de medio invierno en dos días. ¿Es de extrañarse, no es cierto? Me regalan para mi cumple un jabón, es un ejemplo, pasa que sé que recibiré ese año varios jabones. Concurrencia de intenciones.  Me llega una factura, ay, ay, ay, ese día tendré que pagar un montón de otras cosas.  Y no piensen que es porque empieza el mes, y es normal que se paguen las facturas, no, pasa que ese día se amontonaron la cosas, eso es. Yo lo llamo conspiración cósmica. El cielo conspira, sí señor, me llueven las cosas, un día es comunicación, el otro es finanzas, el otro se atropellan las citas, convocaciones, a veces es el silencio. Nadie viene, nadie me llama, etc. Ni hablar de los accidentes. Vivo bajo un cielo caprichoso. Las energías inestables, excéntricas, desproporcionadas. Pensaba que siempre era molesto, pero no siempre.

1.      Bajando la calle Saint Laurent desde el estudio de tango hacia la calle Mont-Royal, paso por unas tiendas donde diviso un local con ventanales, un lugar agradable donde se ve a personas haciendo cerámica agachados sobre un torno, las manos en la arcilla. Pensé que le gustaría a Charlie.

2.      En el momento que llegué a la milonga solo cuatro bailarines estaban allí. Me voy o espero. Será el cumpleaños de varios me anuncian. Mucho he caminado o sea que me quedo; bailo con un desconocido, me cuenta que es ceramista.

3.      Ya sé, para el cumpleaños de Charlie, lo inscribo en un taller de cerámica, le va a gustar.

4.      Charlie, ¿te gustaría participar en una clase de iniciación al torno de alfarero conmigo. ¡Oh, me dice, siempre he querido hacerlo!

5.      Llamo a varios lugares, uno de ellos tiene una fecha que nos conviene. ¡Adivinen! Es el local divisado unos días antes por casualidad.

6.      Ya, vivan los bultos, las conspiraciones, la magia, los vínculos misteriosos que no se entienden. A tornear iremos.

 

 

jueves, 13 de febrero de 2025

la foto


La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo (Jean-Louis Barault)


Cuanto más se envejece más se parece la tarta de cumpleaños a un desfile de antorchas. (Katherine Hepburn)



-Laura, tienes cara de que te han dado un mordisco. ¿Qué te pasa?

-He tenido que sacarme una foto para un pasaporte.

-¿Y?

-No podía sonreír, tuve que ponerme el pelo detrás de las orejas… tomar un aire solemne.

-¿Y?

-Cómo que ¡y!, ¿qué dices?, salió la foto y parezco una convicta con cara de amargada, una escapada de Alcatraz triste.

-¡Qué exagerada!

-La vejez, amiga, la vejez… Sin poder sonreír, sin poder arreglarme y esconderme con el pelo, veo esa cara alargada y patética, parezco un retrato del Greco.

-Estás muy bien, no digas macanas.

-La dureza de la expresión me asustó. Pero, no es solo eso. La vejez, niña, … al salir de la tienda, me puse el gorro, la bufanda, me cerré el tapado hasta el mentón. Me puse los guantes. En la calle, habían salido del colegio un grupito de chicas con uniforme y tenían la falda enroscada para que se les vean las piernas, el abrigo abierto, sin gorro. Caminaban alegres. Pasé al lado como un Yeti apretujada de ropas: una verdadera salchicha nórdica. Había estado tentada de ponerme las suelas antideslizantes que tengo para el hielo… y me acordé de que todavía no tenía 65 años… No, si no te digo, la vejez. Estoy hecha un mamarracho. Cara patética y carácter aprensivo. Uf

-Sos precavida.

-Qué precavida ni que mierda, soy vieja y tengo que aceptarlo. Ahora, lo que tengo que hacer es intentar envejecer con más elegancia.

-¿Y eso? ¿Te vas a abrir el abrigo en la calle?

-No, tontita.

-¿Te vas a rodear de gente mayor para que te digan lo bien que estás?

-Tampoco.

-Entonces, ¿qué?

-Me voy a quitar los lentes de contacto, eso de ver la realidad está sobrevalorado. Sin los lentes de contacto, todo está preferible, la gente más bonita y la memoria a buen uso. Además, no pararé de sonreír, está clarísimo que quedo mucho mejor.

-Ya, más loca que la mierda, vos, ¿no?

Y sí, ya se sabe.


domingo, 24 de noviembre de 2024

Amor, pesar, dolor

 


 

Hoy vas a entrar en mi pasado, y hoy nuevas sendas tomaremos …

¡Qué grande ha sido nuestro amor! y, sin embargo, ¡ay! Mira lo que quedó…

 

Soy un soldado con cerebro de general. Una parte sigue órdenes, y la otra exige resultados, sin considerar obstáculos. Ahí estuve metida entre los montes vascos, laderas hermosas, queriendo terminar el andar que me había propuesto. De un pueblo al otro. Sí, mi general. Hay que llegar antes de las dos. Sí, mi general. Aprendiendo a subir cuestas escarpadas y dirigirme metódicamente por los caminos indicados por la flecha amarilla, por la concha compostelana. Avanzando, mi general. Un paso tras el otro. Hora tras hora. Concentrada en mi respiración. De vez en cuando resoplando del esfuerzo, otras demandando que mis piernas no me fallen, reclamando rendimiento.

¿Y el amor? El gozar, el disfrutar, el pensar, el soñar. Nada, mi general.  Avanzando fui de una etapa a la otra. ¿Qué me pasó? ¿Dónde se cruzaron los hilos del amor al camino, al caminar? No sé. Hice una expedición, una peregrinación que fue difícil exigente larga. Quería llegar a Santiago, y desde el primer día tuve miedo de no poder lograrlo, no sé bien por qué.  

 El amor

Hubo amor, mucho amor. Mis ojos, mi corazón todo vibró muchas veces por la belleza total de mi entorno. Bosques embriagantes de eucaliptos dando sombra en días de verano, vistas asombrosas apareciendo entre dos curvas: el paisaje me dejó muchas veces muda de lo bello, de lo maravilloso, de lo majestuoso. No hay palabras que puedan traducir la emoción que sentí. Me encontré con un hombre en el camino subiendo como de nada, en mi tercer día, día en el que sufría de la complexidad del camino. Me paré, respiré, casi lloré de emoción. Y le dije al hombre: pero ¡qué jodidamente hermoso es este país!, y me dijo, mire hacia la derecha cuando suba un poquito más, y verá, … y entre los verdes, apareció el mar. Jodidamente hermoso, no hay más que decir.

Hubo poesía, una guitarra, dos que se juntaron en un albergue y peregrinos cantando hasta que caiga la tarde, también momentos tiernos de ayuda y de amistad regalada entre peregrinos encontrados al azar, Martina, esa checa tan generosa que se propuso caminar conmigo a buscar un teléfono olvidado cargando en un café; momentos sorprendentes o más bien insólitos como esa casita a unos cuatro kilómetros de Orio donde una secta, o como la llamaban ellos, una comunidad religiosa, extrañísima y a pesar de todo amabilísima, me cuidó, me dio de comer, una cama ya que no podía caminar por una tendinitis de la rodilla. Entre los Amish y los New born Christians y otra que alguna secta judía, esta gente no hizo proselitismo, sino que nos invitaron a una ceremonia para asistir a sus cantos y bailes. Ahí la conocí a María con la que caminé hacia Orio y que me ayudó. Entretenida y graciosa, me cayó de lo más bien. Un lindo recuerdo. Hubo momentos de satisfacción intensos: un día de mucho caminar y de llegar sentarse en un café y tomarse una caña fresca y poder disfrutar en toda tranquilidad de un momento de verano. Hubo los españoles de verano, afuera y de fiesta, todo el tiempo de fiesta, juntándose para celebrar las vacaciones. Conciertos hasta las seis de la mañana, gente gritando y cantando por las ciudades hasta que despunte el día. Qué pueblo. Qué energía. Qué tolerancia. Me quedé fascinada.

Hubo reencuentros, en Gijón cuidad que me encantó, Gijón que me enamoró, con mi amiga Rosa. Muy feliz estábamos de vernos nuevamente. Ahí me sentí en casa. Hubo Bilbao transformada, rejuvenecida y fabulosamente restaurada: bella. Aquí al comentarle a mi prima, me escribió:  ¡¡Qué lindo!!  Bilbao es un milagro, era una ciudad fea y muy industrial, pero decidieron rescatarla y embellecerla. El 19 de mayo de 2010, la ciudad de Bilbao fue reconocida con el premio Lee Kuan Yew World City Prize, otorgado por la ciudad estado de Singapur. Considerado el Nobel del urbanismo, fue entregado el 29 de junio de 2010. El 7 de enero de 2013, su alcalde, Iñaki Azkuna, recibió el Premio Alcalde del Mundo correspondiente a 2012 que otorga cada dos años la fundación británica The City Mayors Foundation, en reconocimiento a la transformación urbana experimentada por la capital vizcaína desde la década de 1990. El 8 de noviembre de 2017, Bilbao fue elegida la Mejor Ciudad Europea 2018 en los premios The Urbanism Awards 2018, que otorga la organización internacional The Academy of Urbanism. Bilbao es un gran ejemplo. Gernika donde pude descansar. Hubo momentos de alegría, en Santiago, esa mañana en Santiago, pero el viaje me costó, lo admito.

 

Pesar

Haberme equivocado de camino desde un puto principio pesó, subir y bajar montes incansablemente pesó.  La preocupación de no encontrar albergue de una etapa a la otra sobre todo en Cantabria pesó. Muchas veces no estar sola pesó. Algunos domingos donde todo estaba cerrado y no había comida pesaron. Hubo albergues sórdidos, momentos sórdidos. Muchos momentos en el que me dije, no, ¡pero qué carajo estoy haciendo aquí! Tengo amigos, tengo una buena vida, por qué estar aquí cuando podría caminar en cualquier lugar. Campos de maíz y más campos de maíz. Asfalto y más asfalto. Tener que caminar seis horas sobre carreteras fue casi insoportable. Vivir en comunidad no elegida como en un campamento, los albergues con baños sin agua caliente, sin sábanas, pensar de vez en cuando: ¿para qué estás haciendo esto? No me gustan las colonias de vacaciones y este viaje por partes me pareció a eso, una colonia… Quería caminar en España y descubrir a los españoles, pero los peregrinos eran italianos, alemanes, checos, franceses y todos hablaban inglés para entenderse entre ellos.  Trabajo desde hace 25 años con inmigrantes del mundo entero. Supongo que no me impresiona la mezcla de culturas. Es mi cotidiano. Las conversaciones previsibles entre los peregrinos a las cuales yo también participé, ¿cuántos kilómetros hoy? ¿Tienes reserva, encontraste albergue? Entre competición y recelo, curiosidad y envidia. Por favor, siempre las mismas cosas. La falta de experiencia pesó. Mi mal carácter pesó, esa falta de contemporización. Siempre tan tozuda, tan preocupada por la meta. Sin poder disfrutar. Creo que el viaje me superó. Lo haría diferentemente, sí.

 

Dolor

Fue el primer día, con mi entusiasmo, mis ganas, mi esfuerzo, que me lesioné. Matías el alemán acompañándome por el monte Jaizkibel donde me había perdido yendo a Pasaia, primera etapa del viaje, había salido del norte de Alemania y me contaba como cuando era la RDA solo podían ir a veranear en Checoslovaquia y ahí desde pequeño con su padre hacían senderismo. O sea que este hombre que había salido de hacía más de dos meses de su casa era experto en andar por los montes, y por su ritmo me impuso su cadencia. Yo soy un soldado y caminé, soy también un general, había que llegar con tiempo. Objetivo Donostia. Al llegar a las nueve y media de la mañana a Pasaia, panorama escandalosamente bello, tuvimos que bajar una cantidad importante de escalones. Y ahí, primer día de viaje, me di cuenta de que no podía por un dolor sordo e intenso a un ligamento sobre el lado lateral de la pierna entre la rodilla y el muslo. Imposible bajar. Sufrí horrores sin abrir la boca de la vergüenza. Comimos un pinxo y Matías y su ritmo siguió hasta San Sebastián. Yo pensé quedarme en Pasaia, pero me decidí como una tonta en seguir total eran solo 10 kilómetros que recorrer. El dolor de la pierna se intensificó en particular bajando y bajando los últimos cinco kilómetros que me separaban de la ciudad. Ese dolor me seguiría unos diez días y solo lo pude soportar por el Ibuprofeno y luego algo más fuerte que tomé religiosamente. Seguí mi camino, pero sufrí. En Gernika fui a ver a un farmacéutico para pedir ayuda y alivio. Me dio un producto para la pierna, una crema, y drogas potentes. Esas sí funcionaron. Poco a poco fue disminuyendo el dolor y paré de tomar las drogas, me parece que fue en Portugalete, ese día pude bajar un escalón sin llorar.

 

A mediados del camino, los pies. De incomodidad al dolor fueron poco días. La última parte del camino serían los pies que me causarían dolor, dolor y más dolor. Pensé en cambiar de zapatos, no tuve la disponibilidad de espíritu para hacerlo. Los almacenes me cansan, tener que perderse en una gran ciudad para buscar zapatillas, uf. No, seguí pensando que mejoraría el dolor. Y sí hubo días en que dolía menos y otros más. Haría las cosas diferentemente: por supuesto. Sin ninguna duda.

 

Belleza del camino, tozudez de la caminante al querer completar cada etapa y a la que se le olvidó de gozar. Dolor de pierna, de pies, tozudez de la caminante que no quiso parar. Me fui a la playa una vez. En Cantabria no dormí donde quise sino donde pude y eso ensombreció a veces el camino. Cuando llegué al camino francés en Arzúa, cuanto lo disfruté… Fue una experiencia única, fueron muchos kilómetros recorridos. Fue sorprenderme a mi misma por haber hecho lo que no sabía hacer, subir y bajar. Un camino es único y a cada uno el suyo. El mío fue raro, pero fue y estoy feliz de haberlo hecho.