martes, 21 de julio de 2026
Estrellas y fantasmas
sábado, 27 de junio de 2026
Jalones del tiempo, trastos
Sentimental y acumuladora, lo soy un poco, aunque intento recuperarme. Al haber estudiado historia, la importancia de los papeles, documentos y cartas es fundamental para mí. Me río de mi mala fe. Esa es mi excusa.
Dejo entreverados en mi casa testimonios de lugares donde fui, postales, fotos; también, por supuesto, facturas, tarjetas, cualquier cosita que deje constancia de momentos que viví. Me gusta también encontrarlos al abrir un libro, un cuadernito. Y como pompas de jabón, aparecen recuerdos.
Soy incapaz de recordar nada. Padezco de una memoria deplorable, casi inexistente. Los nombres, las fechas, uhm, no, nada, casi nada. Por suerte, la tecnología tiene la capacidad de retener lo que mi cerebro no puede. Los archivos de los correos electrónicos y mis documentos inútiles, sin embargo, significativos, me llevan tal una máquina del tiempo a paisajes vividos y dibujados por un dato, una frase, un anuncio.
Cuando me agarra la locura de poner orden y tirar cachivaches, entonces me siento sobre la alfombra y viajo; eso me gusta.
9-07-2011 "En un viaje hacia el norte de Perú, paramos primero en esta ciudad tranquila (Trujillo), plana, ancha, agradable. Nos iremos a ver Huacas y las huellas arqueológicas de Chan Chan,[...]"
Ya no me acordaba de cómo se llamaban las ruinas. Y con una ola venida de no sé dónde, siento el calor seco del sol de invierno peruano ese día. Un sol espléndido, unas ruinas maravillosas, un lugar laberíntico, ocre, un cielo azul.
sábado, 13 de junio de 2026
20 años
Sentir que es un soplo la vida
Que veinte años no es nada
Qué febril la mirada, errante en las sombras
Te busca y te nombra...
viernes, 1 de mayo de 2026
11 años : acero
11
63
89
31
Aniversarios, cumpleaños, referencias, así nuestra percepción del tiempo con números, siempre para controlar lo incontrolable.
El tiempo siempre borrando y siempre escribiendo.Y lo que escribe en este momento no da para alegrarse, aunque vos
podías alivianar las cosas. En once años te has evitado unos cuantos desastres,
pero como somos seres entre animal y superhombre, seguimos levantándonos por la
mañana. Este año tampoco se puede aplaudir mucho. Pero los tuyos están bien.
Aguantando. Me has pillado en un día apesadumbrado, pero no todo está mal, poco
a poco nos está llegando la luz, el calor, la conclusión de propósitos, planes
y perspectivas buenas.
Se dice que a los 11 años
se celebran las bodas de acero por la resistencia, la versatilidad y la dureza
de ese material aleado. Y si bien no es una unión que se celebra aquí, llega el
Primer de Mayo y pienso en nuestra relación y en lo que quedó. Ese día de
pensar en vos, es un momento bonito. Nuestro. Sigues moviéndome. Escribiéndome.
Como el acero, resistiendo al olvido por
tu luz, por tozuda yo, por haberte tenido con tanto amor; versátil, por tener
que vivir con tu legado, tu ser complejo, y dura, por el recuerdo sólido, firme
fuerte. Quizás sería bueno acerarnos un poco en estos tiempos. Alear nuestras
fuerzas y nuestras esperanzas. 11 años, mamá, seguimos tenaz evocándote.
lunes, 23 de marzo de 2026
domingo, 1 de marzo de 2026
Juan Gelman
Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de ti.
sábado, 17 de enero de 2026
Rotura
Soy una rodilla. Está presente cuando abro los ojos, levanto las manos, enderezo el cuerpo, me siento, me doy la vuelta hacia el pizarrón, hablo con los colegas, alumnos o cuando camino sola por las calles. Soy una rodilla, siempre ahí como un sol en el medio de mi cuerpo palpitando. Es imposible ignorarla. Los músculos cercándola, tensos, dolorosos, acechando cualquier movimiento, sujetando mi atención, mi respiración desde hace meses. Soy una rodilla, ya no tengo cuerpo.
¿Como estás, Inés?
¿Yo? Estoy fémur, tibia, rótulo, peroné, ligamentos, meniscos, ay, sí, sí estoy menisco desgarrado.
¿Y qué?
Y, eso.
domingo, 16 de noviembre de 2025
sábado, 16 de agosto de 2025
sábado, 9 de agosto de 2025
domingo, 1 de junio de 2025
Du coin de l'oeil
¿Qué es eso que brilla?
El piso
gris me confunde.
A ver, ¡oh,
es un ganchito de papel!, un clip metálico en el piso. ¡Tan chiquitito y
abandonado!
Las cosas
se me pierden, es algo que domino, casi profesional; soy proclive a sufrir
pequeños olvidos, a concentrarme en un pensamiento y dejar que las manos realicen
acciones inconexas; la atención la tengo en mil cosas y en absoluto en la
ejecución de una tarea, eso es seguro. Vivo en mi cabeza sin mirar el exterior.
Además, con la vista cada vez peor, eso de desprenderme del mundo externo, está
más normal que nunca. He visto en alguna parte que la gente pasa todos los días diez minutos
buscando cosas. También, he leído que podría
ser genético, joder lorito, algunos distraídos seríamos del T y otros de C. Por
mi parte, pienso que…
¿Qué estará
haciendo ahí? ¿Cómo se habrá caído? ¿Se habrá pegado a la suela de un zapato?,
pero entonces, ¿por qué tan alejado en esa esquina? Al hacer un gesto con los
brazos, ¿habrá saltado de un bolsillo?; al abrir un bolso, se ¿habrá escapado
como la Reina Batata? La persona lo tendría en las manos y distraída, se le
habrá deslizado. ¿Cuánto tiempo hará que esté ahí perdido, ajeno a su función,
entreverado entre la mugre del suelo y del color del piso? Pienso también que una
persona se habrá puesto a leer, desprendiendo sin querer el clip que se cayó al
piso y …
Aunque
discreto y pequeño, yo lo vi y lo estoy observando, y ahora pensado en su
recorrido, calculando posibilidades.
Me intriga
ese clip tan fuera de lugar. Observo el piso, es lo único que esté en ese piso
que deben limpiar a menudo.
-Oiga, ¿falta
mucho?
-No, no, ya
salgo
domingo, 4 de mayo de 2025
Le pont Monk
Por mi profesión, suelo tener todo planeado, entonces a veces, en un acto de rebeldía, me voy por las ramas, literalmente, solo para probar en sentido opuesto, por sopetón, el desbarajuste de las posibilidades. Me dejo guiar por la luz, el viento, un crujido que me aparece como una puerta inesperada y oportuna.
No soy aventurera, me falta tiempo para eso, sino que curiosa sí, eso sí. Entonces, una que otra vez, me meto y veo. Tampoco soy muy espontanea, el impulso me parece a veces sobrevalorado. No obstante, la otra noche, en el cruce de dos caminos, con un cielo poco iluminado, por el canal, giro de repente a la izquierda en vez de la derecha que sería el camino correcto. No sé que me pasó.
En mi bicicleta, sin luz delantera, me puse a pedalear alejándome de mi casa hacia un camino intuido más que elegido. Por una salida desconocida, me adelanto, me equivoco, luego creo reconocer el oeste sombrío de mi barrio, respiro lentamente y subo una calle empinada. La bici hace un ruido sospechoso, me bajo, miro en mi entorno y me encuentro delante de una puerta iluminada debajo de unas escaleras estrechas. Pasan por mi lado dos jóvenes y entran. Aparco la bici, abro la puerta y me encuentro en una sala grande con mesas de maderas grandes estilo picnic con manteles de plástico y delante de todas ellas, un escenario pequeño donde toca una banda de hillbilly blues. Unos cuantos muchachas y muchachos aparentemente anglófonos bailan con coreografías bien ensayadas, el ambiente tiene un aire de otro tiempo, no sé bien donde estoy. Me siento a una mesa del fondo para no molestar y en ese momento uno de los músicos se pone a cantar. La sensación de haber regresado hacia los años 70 es fuerte. Las lucecitas de color verde, rojo y amarillo parpadeando a lo largo del bar de madera, las sillas altas recubiertas de un material sintético y pegajoso. Las cortinas rojas pesadas, no sé, de hoy, no era el lugar.
Me quedé un momento a contemplar y escuchar, luego, ya era tarde, luego más ubicada, pude regresar a mi casa. En realidad, no estaba lejos totalmente, sino que lo vivido me pareció un viaje inesperado.
jueves, 1 de mayo de 2025
10 años
Madre de abril que te moriste en mayo. Volvió mayo, volvió el otoño allá en los tucumanes, lluvioso, me entero y una primavera caprichosa aquí, cerca de tu canal. Todo vuelve y sin embargo tu voz, tu atención, tu risa, tu humor, tu conversación, tus indignaciones, tus temores, tu amistad indefectible, tu amor por nosotras, redondo, honesto, incontestable, no vuelve : se transforma; se incorpora a mi cuerpo, a mis mañas, a mis gestos, a mis palabras. Estás cada vez más dentro de mí que en el recuerdo. Con esa cara mía que es de la mi padre, me estoy pareciendo a vos, cada vez más. Lo veo en mi boca y en la mirada.
domingo, 9 de marzo de 2025
Antipática
-Creo que lo voy a dejar.
-Uy, pero me parecía a mí que estaban bien, ¿hace cuanto ya: un año, dos?
-Sí, sí, nos
va bien, pero ...
-Pero ¿qué? Piénsalo antes de hacer macanas.
-Empecé a
notarle los defectos.
-Todos los
tenemos.
-Sí, pero
sus cualidades compensaban sus defectos, y ahora sus defectos resaltan más que
sus cualidades.
-Lo conozco
poco, pero me parece un tipo compañero, amable, fiel, recto, con un alto
sentido de la justicia.
-Sí, es
verdad, todas esas cosas son verdad, es más, no es ni egoísta, ni cruel, ni
irresponsable, esas cosas feas. Todo lo contrario. Es un hombre tranquilo y muy
bien, trabajador…
-¿Entonces?
-Me aburro.
-¡Ah!
-Y, sí.
-Oh, ¡sos de
terror vos! ¿no?
-Ya.
sábado, 8 de marzo de 2025
Tournicoton
El universo está lleno de magia y espera, pacientemente, que nuestra inteligencia se afine. Así es, lo creo y lo vivo.
Me suelen pasar las
cosas de forma abultada, me explico: no me llaman por varios días y cuando digo
varios… de repente, suena el teléfono y es mi hermana, al mismo tiempo suena un
bip alertándome que hay dos personas en la línea, ¿otra persona? ¿de verdad?, y
sí, y ahí no se acaba: aparece un texto de mi hijo, para terminar con esto en
el Facebook me mandan un video. En un espacio de 15 minutos he recibido las comunicaciones
de las dos próximas semanas y cuando digo dos… Así como la nieve que cayó aquí:
la cantidad de medio invierno en dos días. ¿Es de extrañarse, no es cierto? Me
regalan para mi cumple un jabón, es un ejemplo, pasa que sé que recibiré ese
año varios jabones. Concurrencia de intenciones. Me llega una factura, ay, ay, ay, ese día
tendré que pagar un montón de otras cosas. Y no piensen que es porque empieza el mes, y
es normal que se paguen las facturas, no, pasa que ese día se amontonaron la
cosas, eso es. Yo lo llamo conspiración cósmica. El cielo conspira, sí señor,
me llueven las cosas, un día es comunicación, el otro es finanzas, el otro se
atropellan las citas, convocaciones, a veces es el silencio. Nadie viene, nadie
me llama, etc. Ni hablar de los accidentes. Vivo bajo un cielo caprichoso. Las
energías inestables, excéntricas, desproporcionadas. Pensaba que siempre era
molesto, pero no siempre.
1.
Bajando
la calle Saint Laurent desde el estudio de tango hacia la calle Mont-Royal,
paso por unas tiendas donde diviso un local con ventanales, un lugar agradable
donde se ve a personas haciendo cerámica agachados sobre un torno, las manos en
la arcilla. Pensé que le gustaría a Charlie.
2.
En
el momento que llegué a la milonga solo cuatro bailarines estaban allí. Me voy o
espero. Será el cumpleaños de varios me anuncian. Mucho he caminado o sea que me
quedo; bailo con un desconocido, me cuenta que es ceramista.
3.
Ya sé,
para el cumpleaños de Charlie, lo inscribo en un taller de cerámica, le va a
gustar.
4.
Charlie,
¿te gustaría participar en una clase de iniciación al torno de alfarero conmigo.
¡Oh, me dice, siempre he querido hacerlo!
5.
Llamo
a varios lugares, uno de ellos tiene una fecha que nos conviene. ¡Adivinen! Es
el local divisado unos días antes por casualidad.
6.
Ya,
vivan los bultos, las conspiraciones, la magia, los vínculos misteriosos que no
se entienden. A tornear iremos.
jueves, 13 de febrero de 2025
la foto
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo (Jean-Louis Barault)
Cuanto más se envejece más se parece la tarta de cumpleaños a un desfile de antorchas. (Katherine Hepburn)
-¿Y?
-No podía
sonreír, tuve que ponerme el pelo detrás de las orejas… tomar un aire solemne.
-¿Y?
-Cómo que ¡y!,
¿qué dices?, salió la foto y parezco una convicta con cara de amargada, una
escapada de Alcatraz triste.
-¡Qué
exagerada!
-La vejez,
amiga, la vejez… Sin poder sonreír, sin poder arreglarme y esconderme con el pelo,
veo esa cara alargada y patética, parezco un retrato del Greco.
-Estás muy
bien, no digas macanas.
-La dureza
de la expresión me asustó. Pero, no es solo eso. La vejez, niña, … al salir de
la tienda, me puse el gorro, la bufanda, me cerré el tapado hasta el mentón. Me
puse los guantes. En la calle, habían salido del colegio un grupito de chicas
con uniforme y tenían la falda enroscada para que se les vean las piernas, el
abrigo abierto, sin gorro. Caminaban alegres. Pasé al lado como un Yeti
apretujada de ropas: una verdadera salchicha nórdica. Había estado tentada de ponerme
las suelas antideslizantes que tengo para el hielo… y me acordé de que todavía
no tenía 65 años… No, si no te digo, la vejez. Estoy hecha un mamarracho. Cara
patética y carácter aprensivo. Uf
-Sos
precavida.
-Qué
precavida ni que mierda, soy vieja y tengo que aceptarlo. Ahora, lo que tengo
que hacer es intentar envejecer con más elegancia.
-¿Y eso? ¿Te
vas a abrir el abrigo en la calle?
-No,
tontita.
-¿Te vas a
rodear de gente mayor para que te digan lo bien que estás?
-Tampoco.
-Entonces,
¿qué?
-Me voy a
quitar los lentes de contacto, eso de ver la realidad está sobrevalorado. Sin
los lentes de contacto, todo está preferible, la gente más bonita y la memoria
a buen uso. Además, no pararé de sonreír, está clarísimo que quedo mucho mejor.
-Ya, más
loca que la mierda, vos, ¿no?
Y sí, ya se sabe.
sábado, 21 de diciembre de 2024
domingo, 24 de noviembre de 2024
Amor, pesar, dolor
Hoy vas a entrar en mi pasado, y hoy nuevas sendas
tomaremos …
¡Qué grande ha sido nuestro amor! y, sin embargo, ¡ay!
Mira lo que quedó…
Soy un soldado con cerebro de general. Una parte sigue
órdenes, y la otra exige resultados, sin considerar obstáculos. Ahí estuve
metida entre los montes vascos, laderas hermosas, queriendo terminar el andar
que me había propuesto. De un pueblo al otro. Sí, mi general. Hay que llegar
antes de las dos. Sí, mi general. Aprendiendo a subir cuestas escarpadas y
dirigirme metódicamente por los caminos indicados por la flecha amarilla, por
la concha compostelana. Avanzando, mi general. Un paso tras el otro. Hora tras
hora. Concentrada en mi respiración. De vez en cuando resoplando del esfuerzo,
otras demandando que mis piernas no me fallen, reclamando rendimiento.
¿Y el amor? El gozar, el disfrutar, el pensar, el
soñar. Nada, mi general. Avanzando fui
de una etapa a la otra. ¿Qué me pasó? ¿Dónde se cruzaron los hilos del amor al
camino, al caminar? No sé. Hice una expedición, una peregrinación que fue
difícil exigente larga. Quería llegar a Santiago, y desde el primer día tuve
miedo de no poder lograrlo, no sé bien por qué.
El amor
Hubo amor, mucho amor. Mis ojos, mi corazón todo vibró
muchas veces por la belleza total de mi entorno. Bosques embriagantes de
eucaliptos dando sombra en días de verano, vistas asombrosas apareciendo entre
dos curvas: el paisaje me dejó muchas veces muda de lo bello, de lo
maravilloso, de lo majestuoso. No hay palabras que puedan traducir la emoción
que sentí. Me encontré con un hombre en el camino subiendo como de nada, en mi tercer
día, día en el que sufría de la complexidad del camino. Me paré, respiré, casi
lloré de emoción. Y le dije al hombre: pero ¡qué jodidamente hermoso es este
país!, y me dijo, mire hacia la derecha cuando suba un poquito más, y verá, … y
entre los verdes, apareció el mar. Jodidamente hermoso, no hay más que decir.
Hubo poesía, una guitarra, dos que se juntaron en un
albergue y peregrinos cantando hasta que caiga la tarde, también momentos
tiernos de ayuda y de amistad regalada entre peregrinos encontrados al azar, Martina,
esa checa tan generosa que se propuso caminar conmigo a buscar un teléfono
olvidado cargando en un café; momentos sorprendentes o más bien insólitos como
esa casita a unos cuatro kilómetros de Orio donde una secta, o como la llamaban
ellos, una comunidad religiosa, extrañísima y a pesar de todo amabilísima, me
cuidó, me dio de comer, una cama ya que no podía caminar por una tendinitis de
la rodilla. Entre los Amish y los New born Christians y otra que alguna secta
judía, esta gente no hizo proselitismo, sino que nos invitaron a una ceremonia
para asistir a sus cantos y bailes. Ahí la conocí a María con la que caminé
hacia Orio y que me ayudó. Entretenida y graciosa, me cayó de lo más bien. Un
lindo recuerdo. Hubo momentos de satisfacción intensos: un día de mucho caminar
y de llegar sentarse en un café y tomarse una caña fresca y poder disfrutar en
toda tranquilidad de un momento de verano. Hubo los españoles de verano, afuera
y de fiesta, todo el tiempo de fiesta, juntándose para celebrar las vacaciones.
Conciertos hasta las seis de la mañana, gente gritando y cantando por las
ciudades hasta que despunte el día. Qué pueblo. Qué energía. Qué tolerancia. Me
quedé fascinada.
Hubo reencuentros, en Gijón cuidad que me encantó, Gijón
que me enamoró, con mi amiga Rosa. Muy feliz estábamos de vernos nuevamente. Ahí
me sentí en casa. Hubo Bilbao transformada, rejuvenecida y fabulosamente
restaurada: bella. Aquí al comentarle a mi prima, me escribió: ¡¡Qué lindo!! Bilbao es un milagro, era una ciudad fea y muy
industrial, pero decidieron rescatarla y embellecerla. El 19 de mayo de 2010,
la ciudad de Bilbao fue reconocida con el premio Lee Kuan Yew World City Prize,
otorgado por la ciudad estado de Singapur. Considerado el Nobel del urbanismo,
fue entregado el 29 de junio de 2010. El 7 de enero de 2013, su alcalde, Iñaki
Azkuna, recibió el Premio Alcalde del Mundo correspondiente a 2012 que otorga
cada dos años la fundación británica The City Mayors Foundation, en
reconocimiento a la transformación urbana experimentada por la capital vizcaína
desde la década de 1990. El 8 de noviembre de 2017, Bilbao fue elegida la Mejor
Ciudad Europea 2018 en los premios The Urbanism Awards 2018, que otorga la
organización internacional The Academy of Urbanism. Bilbao es un gran ejemplo.
Gernika donde pude descansar. Hubo momentos de alegría, en Santiago, esa mañana
en Santiago, pero el viaje me costó, lo admito.
Pesar
Haberme equivocado de camino desde un puto principio
pesó, subir y bajar montes incansablemente pesó. La preocupación de no encontrar albergue de
una etapa a la otra sobre todo en Cantabria pesó. Muchas veces no estar sola
pesó. Algunos domingos donde todo estaba cerrado y no había comida pesaron. Hubo
albergues sórdidos, momentos sórdidos. Muchos momentos en el que me dije, no, ¡pero
qué carajo estoy haciendo aquí! Tengo amigos, tengo una buena vida, por qué
estar aquí cuando podría caminar en cualquier lugar. Campos de maíz y más
campos de maíz. Asfalto y más asfalto. Tener que caminar seis horas sobre
carreteras fue casi insoportable. Vivir en comunidad no elegida como en un campamento,
los albergues con baños sin agua caliente, sin sábanas, pensar de vez en cuando:
¿para qué estás haciendo esto? No me gustan las colonias de vacaciones y este
viaje por partes me pareció a eso, una colonia… Quería caminar en España y
descubrir a los españoles, pero los peregrinos eran italianos, alemanes,
checos, franceses y todos hablaban inglés para entenderse entre ellos. Trabajo desde hace 25 años con inmigrantes del
mundo entero. Supongo que no me impresiona la mezcla de culturas. Es mi
cotidiano. Las conversaciones previsibles entre los peregrinos a las cuales yo
también participé, ¿cuántos kilómetros hoy? ¿Tienes reserva, encontraste
albergue? Entre competición y recelo, curiosidad y envidia. Por favor, siempre
las mismas cosas. La falta de experiencia pesó. Mi mal carácter pesó, esa falta
de contemporización. Siempre tan tozuda, tan preocupada por la meta. Sin poder
disfrutar. Creo que el viaje me superó. Lo haría diferentemente, sí.
Dolor
Fue el primer día, con mi entusiasmo, mis ganas, mi
esfuerzo, que me lesioné. Matías el alemán acompañándome por el monte Jaizkibel
donde me había perdido yendo a Pasaia, primera etapa del viaje, había salido
del norte de Alemania y me contaba como cuando era la RDA solo podían ir a
veranear en Checoslovaquia y ahí desde pequeño con su padre hacían senderismo.
O sea que este hombre que había salido de hacía más de dos meses de su casa era
experto en andar por los montes, y por su ritmo me impuso su cadencia. Yo soy
un soldado y caminé, soy también un general, había que llegar con tiempo.
Objetivo Donostia. Al llegar a las nueve y media de la mañana a Pasaia,
panorama escandalosamente bello, tuvimos que bajar una cantidad importante de
escalones. Y ahí, primer día de viaje, me di cuenta de que no podía por un
dolor sordo e intenso a un ligamento sobre el lado lateral de la pierna entre
la rodilla y el muslo. Imposible bajar. Sufrí horrores sin abrir la boca de la
vergüenza. Comimos un pinxo y Matías y su ritmo siguió hasta San Sebastián. Yo
pensé quedarme en Pasaia, pero me decidí como una tonta en seguir total eran
solo 10 kilómetros que recorrer. El dolor de la pierna se intensificó en
particular bajando y bajando los últimos cinco kilómetros que me separaban de
la ciudad. Ese dolor me seguiría unos diez días y solo lo pude soportar por el
Ibuprofeno y luego algo más fuerte que tomé religiosamente. Seguí mi camino,
pero sufrí. En Gernika fui a ver a un farmacéutico para pedir ayuda y alivio.
Me dio un producto para la pierna, una crema, y drogas potentes. Esas sí
funcionaron. Poco a poco fue disminuyendo el dolor y paré de tomar las drogas,
me parece que fue en Portugalete, ese día pude bajar un escalón sin llorar.
A mediados del camino, los pies. De incomodidad al
dolor fueron poco días. La última parte del camino serían los pies que me
causarían dolor, dolor y más dolor. Pensé en cambiar de zapatos, no tuve la
disponibilidad de espíritu para hacerlo. Los almacenes me cansan, tener que
perderse en una gran ciudad para buscar zapatillas, uf. No, seguí pensando que
mejoraría el dolor. Y sí hubo días en que dolía menos y otros más. Haría las
cosas diferentemente: por supuesto. Sin ninguna duda.
Belleza del camino, tozudez de la caminante al querer
completar cada etapa y a la que se le olvidó de gozar. Dolor de pierna, de
pies, tozudez de la caminante que no quiso parar. Me fui a la playa una vez. En
Cantabria no dormí donde quise sino donde pude y eso ensombreció a veces el
camino. Cuando llegué al camino francés en Arzúa, cuanto lo disfruté… Fue una
experiencia única, fueron muchos kilómetros recorridos. Fue sorprenderme a mi
misma por haber hecho lo que no sabía hacer, subir y bajar. Un camino es único
y a cada uno el suyo. El mío fue raro, pero fue y estoy feliz de haberlo hecho.




